Proyecto de memoria histórica

Fecha/periodo: septiembre 2024 - abril 2026

Tipo de experiencia: larga duración

Áreas de CAS: Creatividad, Servicio

Horas invertidas: 25 horas

Resumen

Este es el proyecto principal que he realizado junto con mi grupo clase, y sin duda uno de los más significativos de mi etapa en el Bachillerato Internacional. Su objetivo era recuperar la memoria histórica de los deportados andorranos a los campos de concentración nazis, una causa que, cuanto más nos adentrábamos en ella, más necesaria nos parecía.

Todo empezó el año anterior, cuando los alumnos del curso superior sentaron las bases a través de dos experiencias profundamente impactantes: la lectura de Si esto es un hombre de Primo Levi y un viaje al campo de concentración de Auschwitz. Ambas nos permitieron acercarnos de una manera mucho más humana a todo lo que habíamos estudiado sobre la Segunda Guerra Mundial.

Tomando ese trabajo como punto de partida, llevamos a cabo una investigación profunda sobre los deportados y sus trayectorias personales, incluyendo entrevistas a familiares y expertos, además de un trabajo de divulgación junto con la asociación Velles Cases Andorranes. Durante ese proceso hicimos un descubrimiento extraordinario: la historia de Pedro Inglés, un andorrano deportado cuya vida había permanecido completamente desconocida hasta entonces, que tuvo repercusión en varios artículos de periódicos nacionales.

También participamos en el proyecto internacional Stolpersteine, colocando por primera vez en Andorra adoquines dorados grabados con los nombres de los deportados en los lugares donde vivieron. Para compartir todo este trabajo, desarrollamos distintas iniciativas de divulgación: contenido para redes sociales, un cortometraje documental, una exposición interactiva y un libro digital publicado en la página web de Velles Cases Andorranes. Un proyecto que empezó con una lista de nombres y acabó convirtiéndose en algo mucho más grande.

Reflexión Etapas CAS

Este proyecto ha sido, sin duda, uno de los retos más grandes a los que me he enfrentado hasta ahora. Su magnitud, tanto en investigación como en divulgación, exigía una implicación constante y un nivel de compromiso que, al principio, imponía. Pero precisamente por eso resultó tan enriquecedor: cada descubrimiento, cada entrevista, cada pieza que encajaba en la historia de estas personas me hizo crecer no solo intelectualmente, sino también como persona. Ver cómo un trabajo colectivo puede devolver la dignidad a quienes habían caído en el olvido, y que eso tenga un impacto real en la sociedad, fue profundamente satisfactorio. Y sobre todo, motivador. Me demostró que cuando un proyecto tiene sentido de verdad, los límites de lo que uno cree capaz de hacer se desplazan solos.

1. Investigación: Antes de poder actuar, había que entender. Me dediqué a investigar la historia de los deportados andorranos, sus trayectorias personales y el contexto histórico en el que vivieron. También estudié cómo se habían llevado a cabo proyectos similares en otros países, especialmente en relación con las Stolpersteine, para poder aportar ideas fundamentadas al grupo.

2. Planificación: Con tanta gente implicada y tantas acciones distintas en marcha, la planificación no era opcional. Organizamos los grupos de trabajo, definimos los roles de cada uno y establecimos un calendario que nos permitiera avanzar sin perder el hilo.

3. Acción: La fase más intensa y, probablemente, la más reveladora. Entrevistamos a familiares y expertos, creamos contenido de divulgación, participamos en la colocación de las Stolpersteine y desarrollamos el cortometraje y la exposición. Cada acción tenía un propósito claro dentro del conjunto.

4. Reflexión: La reflexión no llegó solo al final, sino que fue una constante a lo largo de todo el proceso. Cada descubrimiento, cada conversación con un familiar de un deportado, cada decisión sobre cómo contar una historia real nos obligaba a parar y pensar. Esa capacidad de reflexionar en el momento fue lo que permitió que el proyecto fuera mejorando.

5. Demostración: Las Stolpersteine colocadas, el libro digital, el cortometraje, la exposición y la repercusión en medios nacionales fueron la demostración de que un proceso bien construido puede llegar mucho más lejos de lo que uno imagina al principio.